La nueva (¿?) escalada de violencia en Rosario hizo que el Gobernador Omar Perotti y el Intendente de Rosario salieran en tándem a reclamar la presencia de las fuerzas federales y prácticamente a pasarle la pelota de la responsabilidad cuasi absoluta del tema al Gobierno Nacional. Pero el titular del Ejecutivo rosarino fue más allá y volvió a repetir su conocida arenga sobre la “autonomía municipal” que ya en sus discursos de los últimos meses estaba centrada en la necesidad de elegir y manejar la policía nacional en el territorio que él, políticamente, maneja.

Desde distintos actores sociales y conocedores de la temática se le ha venido advirtiendo que su pedido choca contra una innumerable cantidad de dificultades técnico-administrativas, hasta advertencias sobre que ir por ese camino es una decisión equivocada. La última referencia a ello la dio en Rosario 12 el experto en criminalística Ariel Larroude al que se le preguntó: “-Javkin ha requerido ya de manera abierta acceso al diseño de políticas de seguridad en Rosario. ¿Qué valor tendría eso?: -Es que el problema de Rosario no es la delincuencia ordinaria, como puede ocurrir en otros distritos de la Argentina. Hablo de categorías delictivas tradicionales como el robo y el hurto que sí pueden ser atravesadas por elementos locales, tanto policiales como jurisdiccionales.

El problema de Rosario es que la policía de la que quiere hacerse cargo el intendente está atravesada por múltiples investigaciones que han comprobado su participación y connivencia con estructuras criminales. Concretamente: no es un problema de centralización o descentralización de las órdenes sobre la fuerza policial sino más bien que el problema es la policía atomizada que disputa poder con las bandas criminales en la ciudad. Más allá de que se descentralice la organización y dirección de la policía, en tanto haya participación de ésta en el delito, resulta imposible pensar en un esquema nuevo que traiga soluciones. Por esta razón, hay que separar a la Policía rosarina de sus funciones preventivas, investigativas y represivas para depurarse y formar cuadros nuevos; mientras que las fuerzas federales deberían ocupar ese vacío por lo menos durante los próximos cuatro años.”

Sin embargo en nota aparecida en el Diario El Ciudadano el Intendente redobló la apuesta: “Necesitamos que la policía conozca el territorio, que los intendentes elijamos los jefes. No queremos una policía municipal, sino que me dejen aunque sea remover jefes. De lo que sucede en el territorio los que más conocemos somos los que estamos ahí, quiero que me dejen ser jefe del territorio”,

Sin embargo Javkin tiene un problema aún mayor y es el hecho de que se ha repetido hasta el cansancio por propios y extraños que la policía de la Provincia de Santa Fe es parte del problema y no ya de la solución, por lo cual no se entiende muy bien cómo sería eso de que se pone un jefe y el resto de la fuerza –calculada en más de 20.000 hombres y mujeres- está (salvando las numerosas excepciones que confirman la regla) altamente comprometidos en distintos tipos de delitos y en la articulación de bandas y acciones criminales.

La autonomía municipal no se puede acomodar al gusto de cada uno como pretenden algunos legisladores provinciales, el Sindicato Municipal de Rosario, ciertos intendentes, entre otros. Error este que parte de la relación que el Gobernador de la Provincia tiene con el actual Presidente de la Corte, Horacio Rosatti –de alto cuestionamiento por estas horas- que de un día para otro sacó un fallo que habilitaba la discusión del tema en nuestra Provincia. Hoy Perotti no participa de las decisiones que el Gobierno Nacional emprende contra el titular de la CSJN; es decir nada es casual y las relaciones y hechos están a la vista.

A esta altura de los acontecimientos el Intendente de Rosario ya debería haberse dado cuenta que por ese camino “autonómico” no va a ningún lado.

Corresponsalía Rosario
3.1.23.